Un témpano de hielo que no bulle con las altas temperaturas.
La peculiaridad de su ser me nubló pero mi amor volátil siempre ha sido demasiado.
Descubrí que a veces la naturaleza nos deslumbra con maravillas que transgreden toda ciencia conocida, intrigando al más conocedor y sorprendiendo a la gris monotonía que abraza el día a día.
La gratitud me embarga. He aprendido a amar a fuego lento, labrando el metal con temperatura primaveral, donde la brisa refresca la piel y el sol abriga el corazón.
Las nubes negras visitan a veces, lloviendo en mis ojos por viejos recuerdos dolorosos, lavando con paciencia el el camino hacia el sol que luego sonríe en mi rostro al recordar todo lo bueno que, aunque fugaz, me nutre el alma. Su amor inclusive.
La vida brilla a su lado. La soledad no puede alcanzarme aún.
El dolor punza hondo hasta el núcleo, en su compañía sigo en búsqueda de la cúspide. ¿acaso disfrutar el camino no es la misión? Quizás no esté mal la búsqueda constante.
Duele nuevamente. Pañito de agua tibia. Mi limitada sabiduría me acompaña, al fin lo estoy logrando.
Otra vez ¿algún día dejará de doler? dulce néctar que adormece. A veces sólo quiero sucumbir.