martes, 30 de octubre de 2018

En camino.

Un rayo rojizo de sol se posó en uno de sus mechones ligeramente rubios mientras el viento que se deslizaba por las ventanas abiertas los hacía volar frente a su cara.

Vió delante de ella el camino que recorrían hacia algún sitio sin mucha importancia y de forma casi automática se hizo consciente de sí misma.

Sus pies dolían un poco, pero más su corazón que estaba un poquito roto por la despedida que se avecinaba con un cúmulo de emociones inexplicables y un montón más grande de asuntos por resolver.

Los días estaban pasando cual relámpago. No había tiempo para sentarse a celebrar los pequeños triunfos  o lamentar el infortunio. Las palabras de amor se escondían en conversaciones cotidianas y miradas fugaces. El universo  conspiraba a favor.

Pensó por un segundo en todo lo resuelto hasta ahora, en las infinitas posibilidades de triunfo que tenía en sus manos, en las noticias cada vez más escalofriantes, en toda la gente que extendió su mano, en el acento gracioso de un amigo, en sus miedos, en que tenía un poco de hambre, en ser valiente, en su familia...

Un imbecil se atravesó de golpe y ella despertó de su ligero trance por el frenazo, con la presión del cinturón en el pecho se derritió la sensación en los pies y la del corazón también.

Siguió con el asunto del día.

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