martes, 18 de enero de 2022

Negro y Rojo

Enredaderas que me arropan crecen vertiginosas bajo el riego de mi mirada apesumbrada.

Me pierdo en el manto agobiante de la angustia.

Infinitas olas impías me estremecen, me atraviesan y me oprimen con ira despiadada.

Soy yo quien mueve los hilos.

 

Me rindo ante la desazón de esta abrumante pena.

Mi corazón anhela un descanso perpetuo.

Pesadillas incesantes de un dolor que cual fuego me quema.

Soy el antifaz que obstaculiza la luz a mis ojos.

 

Nado perenne en un mar de incredulidad.

Experta como siempre en seguir avanzando aunque punce hondo.

La ceguera voluntaria agudiza la sensibilidad.

Rayos cálidos en mi piel envalentonan mi deseo de descubrir.

 

Un inaudito temor inquieto pierde ante una certeza tranquila.

Sin vacilar dejo caer el antifaz.

Rayos rojizos incineran la tristeza mientras llenan mis pupilas.

Sentimiento familiar que ilumina voraz cada rincón en tinieblas.

 

Ojos profundos que me invitan a mirar sin cesar.

Voz de terciopelo que llena el mar de certeza.

Brazos infinitos que me arrastran a una isla de paz.

El miedo acecha en los matorrales, malicioso.

 

Las nubes huyen despavoridas.

Las enredaderas engalanan cada paso cual alfombra.

En la marea ahora mansa, se hunden las pesadillas, vencidas.

Sigo siendo yo quien maneja los hilos.

 

Quizás sea hora de saltar.

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