Cuando el alba nos tropieza y las luces cálidas titilan,
el telar gigante universal comienza a conspirar
entramando sigiloso el encuentro afortunado
que despierta nuestras almas de la cotidianidad.
Sonidos lejanos envuelven el instante en que te miro
mientras el humo me transporta lejos de la realidad.
Un sabor dulce me apacigua los sentidos.
Un sentimiento latente me obliga furioso a mirar.
Se tatúan en mi memoria las aristas de tu rostro
a la vez que tu voz se amplifica en mi mente inundada.
Las palabras toman vías alternas sin retorno
y en la panza revolotean todas desesperadas.
De pronto tus manos encuentran mi cuerpo
haciéndome saber que tenía tanto frío.
Por mucho tiempo estuve en un gélido invierno.
No lo noté hasta que derretiste todo el río
y el agua desbordaba todo
y los males se iban con ella
y el agua destruyó todo
y los botones germinaron tras ella
Mi memoria tatuada estampa tu rostro por doquier
procurando vida a cada cosa inerte.
Mi mente no para de verte.
Mi amor, qué buena suerte.
Hoy los versos corren con el agua
como las olas que van llegando a la orilla.
La inspiración crece haciendo cosquillas
…es tan fácil convertirte en canción y poesía.
Se vuelve imperativo decirte lo que siento
Exclamar sin cesar mis emociones al viento
Y aunque las palabras se disuelvan con el tiempo
Y aunque las personas se vuelvan fugaces en la
oscuridad
Y a pesar de que la vida parezca un mar de incertidumbre
Tú eres el deseo de escalar la montaña hasta la cumbre
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